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Blog del Everest


Intro

Para mí, viajar ha sido una de las grandes inspiraciones de mi vida. A los 16 años comencé a estudiar turismo y a los 18 me fui a vivir al extranjero para poder seguir estudiando turismo y así tener más oportunidades de trabajo que me permitieran viajar y conocer el mundo. El viaje es una forma de autoconocimiento y un medio que abre posibilidades de entender el mundo, aceptar sus diferencias y aprender los valores que nos pueden mejorar como personas.

Después de 3 años de viajes, soñé por primera vez en subir el Everest y desde entonces he estado entrenando y enfocando cada aspecto de mi vida para llegar a este preciso momento: sentirme lista para enfrentar el desafío deportivo más grande e importante hasta ahora. Los 24 meses de esfuerzo y disciplina para mi entrenamiento han sido un verdadero viaje, talvez el más trascendental. Mientras he aprendido a ser una buena montañista, he aprendido a tener humildad; mientras me he sentido fuerte y capaz, he aprendido a conocer y respetar mis limites; mientras me he sentido autosuficiente, he aprendido a trabajar en equipo y velar por la seguridad y bienestar de otras personas. El Everest es mi destino final, pero el camino recorrido fue el que me formó para poder pararme enfrente de él con el corazón tranquilo y feliz.

Ir hacia el Everest guiando un grupo de 24 personas no es fácil. En Katmandú, además de tener que organizar mi equipo y prepararme para mi expedición de 70 días debo ayudar a todo el grupo a prepararse también para su propio Everest: llegar a su Campo Base a 5,300 metros. Hasta el Campo Base mi desafío será proporcionar todos los recursos necesarios para dar las mejores oportunidades a que el grupo llegue a su objetivo y así realice su sueño.

El trekking dura 10 días y además de eso escalaré el Island Peak, una montaña de 6,189 metros para ayudar a mi aclimatación para el verdadero comienzo de mi expedición el 10 de abril.


Galería



Bendición del Lama Grupo en Kalapatar 5,500 m. Everest en mis lentes
Llegada al Campo Base Puja o ceremonia budista Grupo participando de la ceremonia
Feliz en el campo 3 La cascada de Hielo El tiempo en campo 2
Yo de buen humor La pared de Lhotse De regreso al campo base


Última entrada


21-05-2010

Subida a Campo 3 (7,200 metros) - Durmiendo en el Nido de Cóndores

Hoy el viento sigue soplando bastante fuerte. Nos levantamos y preparamos sin saber realmente que va a pasar. Voy a desayunar con todo el equipo se puede sentir la tensión por el silencio que del momento. Damian nos dice que esperaremos que el viento se calme para comenzar nuestro ascenso. Algo que me encanta de la montaña es ver cómo el clima puede cambiar tan radicalmente en poco tiempo. Al terminar el desayuno comenzó a salir el sol y el viento a desaparecer. Así terminamos de ponerlos el arnés y los crampones para estar listos para el asenso. Ahora el humor anterior de convierte en excitación. Al ponerme mi mochila siento que pesa demasiado. Damian quiere saber qué es lo que estoy llevando y por qué pesa tanto. Al abrirla, saco todo de nuevo y veo que todo lo que tengo es necesario y puedo solo sacar unas calcetas y una bandana extra. Mi mochila pesa unas 35 libras e incluye traje de plumas, dos mudadas de ropa térmica para usar por debajo, gorro térmico, gorro cortaviento, guantes térmicos, guantes de cuero para las cuerdas fijas, mitones (guantes sin divisiones para los dedos), calcetas térmicas para el día de cumbre, comida y sales minerales para llevar el día de cumbre, máscara de oxígeno y regulador, colchoneta térmica para dormir y piqueta. Solo las botas que llevo en el cuerpo pesan unas 8 libras, mas los crampones otras 5 libras cada uno, mas la ropa, el casco, bastón de caminada, el arnés y los carabiners, calculo que debo estar llevando otras 20 libras en el cuerpo mas la mochila ¡son 55 libras! Es lo más pesada que he estado hasta el momento y en esa altitud se sienten como que fuera aún más. Estoy muy contenta que en mi entrenamiento tomé especial cuidado en desarrollar los músculos de las piernas y la espalda entrenando siempre con mochila pesada y no me siento intimidada con lo que me espera: la agotadora pared de Lhotse y los 800 metros verticales para llegar al Campo 3.

Desde el comienzo intento hacer un ritmo constante: deslizo el ascensor en la cuerda fija y coloco un pie a la vez en posición casi horizontal contra el hielo para poder clavar todas las puntas del crampón en el hielo y así no resbalarme. Esos movimientos los debo de coordinar con mi respiración que es muy agitada por la altitud. No obstante el entrenamiento, siento quemar los músculos de mis piernas y brazos. El peso hace que todo se vuelva más difícil. Cuando visualizo las carpas amarillas de nuestro campamento me doy cuenta que esa noche dormiré 250 metros más alto que la cumbre del Aconcagua, la montaña más alta del planeta fuera de Asia. Aquí además las carpas están colocadas en pequeñas plataformas en una pared de hielo de unos 35 grados de inclinación y ya ha habido gente que se ha resbalado fatalmente al salir a hacer pipí. Es como estar en un nido de cóndor con pichones que aún no han aprendido a volar. Con plena conciencia de ese peligro paso la mayoría de la tarde metida en la carpa. Salgo unos minutos para sacar unas fotos en el atardecer que está maravilloso pero estoy siempre conectada a una cuerda con mucho cuidado de no resbalarme. Derretir nieve a esta altitud es muy difícil porque no hay nieve sino hielo y hay que quebrarlo. Esta vez somos 3 personas por carpa. Quien se unió fue Charlie, un chico muy trabajador, acomedido, fuerte y muy buena gente. Para mí fue un verdadero placer tenerlo conmigo y Shawn, ya que el último no está acostumbrado a trabajar en equipo y me hubiera tocado a mí derretir nieve y cocinarle. ésta vez Charlie quiso asumir ese papel y así dispensarme la molestia por ese día. Esa noche dormimos con oxígeno. Casi no se percibe la diferencia pero se dice que al día siguiente no nos sentiremos tan agotados porque el oxígeno te hace descansar mejor. Espero que sea así porque de aquí en adelante el cansancio se apoderará cada vez más de nuestros cuerpos y no habrá tiempo para recuperar energías.


22-05-2010

Collado Sur (8,000 metros) - Entrando en la Zona de la Muerte

La carpa parece una lata de sardinas. Estamos 3 personas y todas nuestras pertenencias adentro. No hay espacio para nada más. Nos despertamos a las 5:30 am y nos tardamos 3 horas solo para derretir hielo, desayunar y prepararnos. Cada uno se tiene que vestir y hacer pipí en una botella de plástico mientras las otras dos personas se dan la vuelta para dar un poco de privacidad. El baño para "número dos" es una bolsa plástica que debemos usar los tres. Está colocada en la parte de afuera de la carpa y desde allí tengo la vista de la pared de Lhotse que baja vertical bajo mis pies, el extenso valle que conduce al Campo 2 y las montañas imponentes alrededor. Vaya vista desde un "inodoro".

A las 9:30 de la mañana estamos finalmente listos para salir. Estoy vestida por primera vez con mi traje de plumas que me hace ver como la mascota de la marca de llantas. Tengo el cilindro de oxígeno en mi mochila y la máscara puesta. Usar esa máscara me parece muy incómodo para maniobrar durante el asenso con las cuerdas y el equipo. En Everest, el uso de oxígeno es casi imprescindible a diferencia de otras montañas de más de ocho mil metros. Hay varias que tienen solo un poco mas de 8,000 metros y en ese caso se puede escoger ir sin oxígeno. En el Everest en cambio esos 850 metros arriba de la "zona de la muerte" hacen que las pocas personas que lo intentan tengan un porcentaje de muerte muy alto y de congelamiento de extremidades casi seguro. El sonido de mi respiración a través de la máscara es la única melodía que acompaña mi ritmo durante el ascenso. Paso por la famosa "Banda Amarilla", una sección de piedras muy resbaladiza y vertical. Luego atravieso la sección del "Ginevra Spur" una gran protuberancia rocosa con muchas piedras sueltas y un espacio de unos 50 centímetros para caminar con nuestras enormes botas y crampones. Al final de esa sección hay una pequeña bajada y allí está el Campo 4. El lugar parece una de aquellas postales de las playas europeas de los años 70, lleno de carpas que parecen sombrillas por sus colores intensos. La sensación que me da el lugar está muy lejos de lo que se siente estar en una playa. Es un lugar inhóspito y probablemente esa noche seremos las personas durmiendo más alto en todo el planeta tierra. Desde allí se puede ver la maravillosa cumbre de Chomolougma. Mi corazón se llena de felicidad y emoción al ver puntitos bajando desde la cumbre. Imagino cómo se han de sentir esas personas, exhaustas pero a la vez realizadas.

Espero que no haya accidentes o imprevistos que nos obliguen a participar o apoyar algún rescate que acabe con las pocas reservas de energías con las que contamos, como le pasó a Manoel. Por la tarde las nubes envuelven la visión. Yo estoy compartiendo mi carpa con dos Sherpas y me ofrezco a cocinarles y derretir agua durante toda la tarde. Quiero que ahorren sus energías pues ellos estarán llevando los cilindros de oxígeno extras y tiene la responsabilidad de asistirnos si algo pasa. Cada movimiento que hago es tan difícil. Respiro una vez por segundo y realizo todo con lentitud. A las 9:00 de la noche estaremos saliendo de allí. Yo me paso la tarde hidratando mucho. Bebo 3 litros y medio de agua en 4 horas. A las 5 me pongo el oxígeno e intento descansar un poco. Cierro los ojos e intento dormir pero es inútil. Mi cerebro no deja de pensar. Repaso cada una de las cosas que debo llevar en mi mochila: lámpara de cabeza, baterías extras, calentador de pies y manos, barras de cereales, vitaminas en el agua, cámara fotográfica y filmadora con baterías extras, tarjetas de memoria, y las banderas de mis patrocinadores. Me duermo vestida con todas las camadas para ahorrar tiempo y para no tener el inconveniente de la falta de privacidad en la carpa. Afuera el viento sopla fuerte. Escucho a los guías hablando por la radio al Campo Base pidiendo una actualización de las previsiones de tiempo que esas están muy lejos la información que obtuvimos antes. Escucho que las previsiones cambiaron y que se esperan vientos de 20 a 40 quilómetros por hora y un cielo no muy despejado. Eso quiere decir que será un día de cumbre frío pero es mejor enfrentarlo que pasar una noche más en la "zona de la muerte". A las 7:30 de la noche empezamos a prepararnos. Coloco todo en mi mochila que se quedó afuera y está llena de nieve. El viento por fin se calmó un poco. Al salir de mi carpa veo una fila de luces que parece interminable.


HACIA LA CUMBRE

éste año las ventanas de tiempo han sido muy cortas por lo que todas las expediciones tuvieron hasta hoy solo dos días para intentar la cumbre. Ese me preocupa pues quiere decir que la subida será lenta. Solo espero que el viento no esté demasiado fuerte que haga que tengamos una subida muy fría. A las 9:00 pm, empezamos a salir de las carpas. Estamos algo nerviosos revisando nuestro equipo y el de los demás para chequear que tengamos todo lo necesario. Al terminar de colocarme todo el pesado equipo en mi cuerpo, veo que la botellita que marca que el sistema del oxígeno está funcionando, se le abrió un hoyo. No sé ni cómo pasó pero por un momento pensé que no podría subir. Tuve una fuerte descarga de estrés y se lo enseñe a los líderes de la expedición. Yo tenía un poco de tape y se lo pusimos pero el arreglo era muy frágil. Sabía que además de la preocupación por el ascenso lento y la posibilidad de mucho frío, también me preocuparía por la bolsita plástica que se encuentra dentro de la botella. En caso se le abriera un hoyo a esa también el oxígeno empezaría a fugarse por allí. Veo a mi deseada cumbre y veo las estrellas brillando en lo alto. Es lo más cerca que me he sentido de mi desafío y de las estrellas también. Veo la ruta y veo muchas luces de los escaladores ascendiendo como luciérnagas la obscuridad. Estoy muy feliz y muy preocupada a la vez.


TRÁFICO Y OBSCURIDAD EN LA RUTA

Los pasos son lentos pero no hay mucho viento, lo que me tranquiliza. En esos momentos sé que tengo que tener resistencia mental. Sé que puede tardar muchísimo para llegar pero en mi mente estoy preparada para dar lo máximo de mi ser por la horas que sean necesarias para llegar. Sin embargo, me doy cuenta por mi reloj altímetro que marca la altitud y la hora que hemos subido solo 100 metros en 3 horas. Eso significaba, de seguir en ese ritmo, que nos tardaríamos 24 horas en llegar a la cumbre, un tiempo imposible de sostener en la zona de la muerte. El viento empezó a soplar y veo cómo los chicos de la expedición argentina y los dos líderes de la expedición deciden soltarse de la cuerda y empezar a rebasar a la gente. Veo con desesperación como se van alejando. No quiero quedarme atrás. No quiero pasar mucho tiempo en la zona de la muerte. No quiero dejar que el frío se siguiera apoderando de mí ser. Necesito reaccionar. Le pido a Lakpa, el líder de los Sherpas que le avise a Willy por radio que yo planeo soltarme de la cuerda también y subir con ellos. No dejo espacio para preguntar si podía, tan solo para avisar mi plan. Si ellos estaban subiendo no había razón para yo no hacer lo mismo. Willy dice responde que está bien.

Al llegar al Balcón, una parte plana a 8,300 metros, tenemos la posibilidad de pasar enfrente de muchas personas. Supimos que había una persona estaba intentando la cumbre sin oxígeno y llevaba a toda la gente en su lentísimo ritmo. Yo me posiciono atrás de uno de los líderes y decido que no me despegaré del él durante todo lo que falta del ascenso hasta llegar a la cumbre. En ésta sección donde el tiempo es clave, quiero hacer lo posible por llegar lo antes posible.

La noche aún esta oscura y el cuerpo me pide dormir. A veces en lo que espero en la cola cierro los ojos y duermo por algunos segundos. Las horas de la noche me parecen muy largas. Escucho tan solo mi respiración agitada a través de la máscara. Escucho mi corazón latiendo fuerte. Escucho mi fuerza interior que me dice si me quedo concentrada en cada paso que doy llegaré a mi meta.

A las 4:30 de la mañana empieza a amanecer lentamente. Es la hora más fría de la noche pero sé que pronto eso acabará. Dentro de poco saldrá el sol y eso me renueva las energías. Seguimos subiendo y paso por varias secciones de roca vertical. Esas secciones son peligrosas por ser resbaladizas con muchas piedras sueltas. El cansancio se empieza a apoderar de mí.


CADA PASO ES UN DESAFÍO MENTAL

Ya estamos a 8,600 metros. Estamos haciendo un ritmo de 1 hora y media por cada 100 metros verticales. Aunque es un tiempo promedio, es extremamente lento. Todo me parece un sueño en cámara lenta. Los movimientos son lentos y me doy cuenta que mi cerebro no registra todos los detalles. Tengo como espacios vacíos. No conecto los detalles precisos de toda la ruta. Mi mente viaja en escasos pensamientos del pasado, presente y futuro y todos ellos se mezcla entre sí. Mi respiración lucha por mi sobrevivencia intentando obtener el suficiente oxígeno para seguir funcionando. Actúa como mi única amiga y cómplice. Las dos estamos intentando con mucho esfuerzo mantener la mente cuerda y el cuerpo activo. Es único hilo que me mantiene en el mundo de los vivos.

El sol resplandece y el frío intenso pasa a ser calor. Sé que ya estoy deshidratada, es imposible no estarlo aquí por más que se beba, pero no puedo dejar que se vuelva crónica. Me quito una mudada de ropa térmica y sigo el ascenso sintiéndome desfallecer. En esos momentos, mi fuerza interior pasa a jugar un papel fundamental. Luego empiezo a pensar en mi familia y en mí país. En todas las personas que me mandaron su apoyo a través de mensajes y en muchas personas que sé me están mandando pensamientos positivos, oraciones y buenas energías. Siento que no voy sola. Siento que voy en nombre de un país que necesita de buenas noticias y sobre todo de un recordatorio de que los sueños son posibles. Voy por las mujeres que deben saber que somos capaces de hacer cualquier cosa que nos propongamos. Por la juventud que debe seguir soñado en grande y trabajar por ello. Todo el esfuerzo por mi sueño personal se expande y se vuelve una causa colectiva. Eso me llena fuerzas para poder continuar lentamente pero necesitaría poder seguir dándome fuerzas a cada instante.

Estoy a 8,700 siento que aún falta mucho. Tengo hambre y sed pero no podemos parar. Hay una sola ruta y parar significa parar la cola que viene atrás. Después de una hora, lo que me parece una eternidad, llegamos a la Cumbre Sur a solo 50 metros de la cumbre real. Allí el viento empieza a soplar fuerte pero veo la última sección cercana a la cumbre enfrente de mí con el famoso escalón Hillary y la vista maravillosa del las montañas. Mi corazón bate fuerte, ésta vez de alegría. Ya no había nada que me detuviera, estaba segura que lo lograría. Al continuar el ascenso con ésta nueva fé, veo varias personas que ya están bajando de la cumbre. Veo dos hombres con la nariz blanca. Ya está congelada, sin sensibilidad alguna. Ellos saludan con una sonrisa y yo me pregunto si ¿saben que perderán su nariz?. Luego me recuerdo de mi amiga Bonita de Inglaterra que se resbaló mientras bajaba de la cumbre en el escalón Hillary y se dislocó la nuca y casi se muere. Luego, pienso en las estadísticas que dicen que el 80% de las muertes ocurren en durante el descenso. Me doy cuenta que después de haber tenido una inyección de positivismo, los miedos y las inseguridades me invaden en cuestión de minutos. Mis sentimientos encontrados hacen variar mis emociones rápidamente. Cuando esto me pasa, intento hacer algo que aprendí en estos años en las montañas: vivir solo y solo el presente, hago un paso, respiro, escucho el viento, veo el camino y hago otro paso. No hay otro pensamiento, ni futuro, ni pasado. No hay exaltación de alegría, ni sobrecarga de preocupaciones. Solamente ese preciso instante y sus características. Me observo haciendo la acción sin juzgar, totalmente concentrada en un paso a la vez.


¡LLEGADA A LA CUMBRE!

La maravillosa mañana del 23 de Mayo a las 8:23 de la mañana, con un paso a la vez, estaba llegando al punto más alto de nuestro planeta tierra. Mi corazón salta de alegría, de gozo y de satisfacción. Mi cuerpo no responde, estoy demasiado exhausta para expresarlo con lágrimas y gritos. Me limito a contemplar e intentar recordar esa vista impresionante, posible solo desde ese específico punto y que tal ves solo veré una vez en la vida. Este es un premio que sin el sacrificio para llegar allí nunca hubiera obtenido. He llegado allí después de dos años de duro entrenamiento y de 54 días de una expedición intensa y peligrosa. Sé que debo salir rápido de allí. Sé que el tiempo sigue pasando en la zona de la muerte. Sé que he llegado a mi gran meta pero también que la cumbre es solo la mitad de la montaña. Aún está la bajada que durará tres días y que solo al llegar viva de vuelta al Campo Base podré considerarme totalmente exitosa.

El 26 de Mayo, después de exactamente dos meses de expedición, llego al Campo Base viva, sana y feliz. Ahora solo puedo pensar en empacar y poder llegar a mi querida Guatemala. Muchas cosas cambiaron, muchas cosas serán diferentes. La vida sigue cambiando y transformándose así como nosotros. Un sueño se concluye y nuevos empiezan a tomar forma. El destino sigue el curso que le queremos dar, mientras el espíritu se fortalece y la sabiduría se desarrolla con el pasar del tiempo.


LO QUE ME DEJA EL EVEREST:

Es difícil imaginar el significado de 26 meses de preparación, sacrificios, esfuerzo y constancia aparentemente transformado en solo unos minutos en la cima del mundo. El Everest no es la finalidad. El Everest no es la felicidad. El Everest es solo el medio que me ayudó a aprender y a comprender que los sueños y desafíos son posibles siempre que se ponga el corazón en ellos y estemos dispuestos a arriesgar. El Everest lo conquisté solamente en mi interior al entender que somos responsables por nuestra felicidad y por nuestro sufrimiento. Que creamos nuestro mundo y su aparente realidad solo en base en nuestra propia percepción. Y que si es así, podemos cambiar nuestra percepción y de consecuencia nuestra realidad. Somos seres sin límites obstinados a ponernos límites. La vida es preciosa y es muy corta por ellos debemos hacerla de valor para nosotros y sobre todo para los demás.

Andrea Cardona


Octava entrada


19-05-2010

Oommm... Ningún paso en falso, ningún paso en falso, ningún paso en falso

Salimos a las 6 de la mañana para ir al Campo 2. Es mi séptima vez atravesando la Cascada de Hielo. ésta debería de ser la penúltima si todo va bien. Siento que estoy con tantos ánimos y con todas las energías existentes en mi cuerpo y espíritu. Estoy subiendo con la expedición de argentinos y ellos están tomando varias fotos y haciendo videos del grupo. Yo sé lo que es estar atravesando ésta sección cuando el sol. Puede volverse muy caliente y la Cascada empieza a derretirse. Cuando la nieve pierde la consistencia, puede volverse aún más inestable y peligrosa. Yo me siento ya bastante afortunada y bendecida en éste momento, nunca me caí, resbalé, o golpeé y ahora más que nunca mi concentración debe ser profunda. Repito como un mantra "ningún paso en falso, ningún paso en falso" al subir. Talvés por la concentración, por la ganas de llegar o por la preocupación del calor mas tarde, dejo a mis compañeros en sus actividades de fotografía y videos y me disparo hacia el Campo 2 en un ritmo nunca experimentado antes. Llego en un tiempo record de 5 horas cuando lo normal son 9 horas. En el Campo 2 encuentro a Manoel que me espera para contarme los detalles de su día de cumbre. Algunos de sus consejos son: tomar immodium para evitar la diarrea. Es muy fácil enfermarse por varios motivos como la presión atmosférica, la emoción y el miedo o simplemente haber tomado nieve derretida contaminada en el Campo 3. Llevar por lo menos dos litros de agua, él llevó solo uno y con la diarrea que le dio durante el camino estaba muy deshidratado y de consecuencia muy débil. Su consejo principal es no olvidar ese mantra "ningún paso en falso" pues me recuerda lo fácil que es caerse y lastimarse en ese terreno de piedras sueltas y nieve. Me despido con mucha gratitud de poder verlo de nuevo y por sus consejos. Lo veo muy cansado pero está vivo y sano y sobre todo ¡llego a la cumbre!. Puedo entender que está muy preocupado por mí y sé que los próximos 3 días serán muy sufridos para él. Ya tuvo esa mala experiencia de ayudar con el rescate de Bonita de Inglaterra que casi se muere y sabe que aquí TODO puede pasar en cuestión de segundos. Al llegar a mi campamento la atmósfera está tensa. Estar en el empuje final hacia la cumbre hace que debamos ser aún más disciplinados y que estemos atentos a todos los detalles. Esta es la parte de riesgo mas alto de los dos meses que llevamos subiendo y bajando la montaña. Al mismo tiempo está la incertidumbre en la mente de cada uno de nosotros: ¿lo lograré?.


20-05-10

Aprovechando el tedioso día de descanso

Hoy me siento desanimada. Talvés es el pensamiento que no tendré nada que hacer durante todo el día y por el día sin sol y con mucho viento frío. Me parece raro pues las previsiones hablaban de un día perfecto pero no parece ser así. Hoy me dedicaré a descansar, beber mucha agua y esforzarme por comer mucho. Con mucha pereza me levanto y empiezo el tedioso trabajo de ponerme las muchas prendas de vestir que se usan en ésta montaña. Son siempre varias camadas, es como que fuera una cebolla. Eso da la flexibilidad de ponerse y quitarse camadas conforme las necesidades. Es hora de desayuno y no tengo nada de apetito. Algo que he aprendido en la montaña es que la comida no es placer, son solo calorías. Así me siervo tres panqueques con jalea y granola con leche y me dispongo a comer. Después de desayuno regreso a mi carpa a leer y descansar. Cuando llega también Shawn, mi usual compañero de carpa en los campos altos, nos ponemos a platicar de nuestros sentimientos y a hablar de cosas divertidas y a intentar reírnos un poco. Talvés en el intento de aliviar la tensión y desdramatizar esos momentos de seriedad y concentración generalizada. Afuera escucho el sonido de crampones hundiéndose en la nieve y una voz con tono simpático que pregunta..." ¿quién se está riendo allí?" Es mi gran amigo Simone, un escalador veterano y muy famoso de Italia. Lo admiro mucho, no porque sea un gran profesional y exitoso sino por su calidad humana y humildad. No es fácil encontrar ese tipo de personas en un ambiente donde el ego puede crecer y volverse más grande que el mismo Everest. Con eso reflexiono que Chomoulougma NO se conquista. Solamente tenemos el permiso de estar en su cumbre por unos minutos de donde esperamos salir vivos. Pero "conquistar el Everest" le da a muchas personas un sentimiento de ser invencibles y potentes lo que es una ilusión en nuestra condición humana tan sujeta a cambios y tan frágil. Lo que sí se conquista son nuestros Everests interiores, se conquista el miedo, se conquista límites mentales, se conquista confianza, se conquista disciplina, se conquista temple, se debería de conquistar también calidad humana y compasión y así ser de verdadera utilidad a las personas que nos rodean.

Paso la tarde conversando con Simone, pero no hablamos de montañas y técnicas de escalada. Hablamos de vivir la vida intensamente, de no tener miedo de atrevernos a cambiar las cosas que no nos gustan y del liderazgo que empieza siempre con saber a dónde queremos llegar nosotros mismos. También está Cory, un joven fotógrafo americano que va a escalar el Lhotse, una montaña de 8,500 metros que queda al lado del Everest y con el que comparto el entusiasmo por los desafíos y los viajes. Y me alegra mucho que esté también Tamara, italiana y ex campeona del mundo de esquí y única mujer que tengo el gusto de ver de vez en cuando en mi campo ya que somos tan pocas.

Con esas horas agradables de conversación en la mente, me voy a mi carpa después de una desabrida cena. Me llena de alegría conocer personas con las que puedo compartir momentos de calidad. Al final, cada día pienso que no se sí viviré uno más y es muy importante aprovechar cada minuto.

El viento aún sopla afuera. En mi ruidosa carpa siento la incertidumbre del mañana. Puede que el tiempo siga malo y eso me preocupa, pero no puedo hacer nada al respecto entonces decido relajarme e intentar vivir solamente el momento presente.


21-05-10

Subida a Campo 3 7,200 metros - Durmiendo en el nido de condores

Hoy el viento sigue soplando bastante fuerte. Nos levantamos y preparamos sin saber realmente que va a pasar. Voy a desayunar con todo el equipo se puede sentir la tensión por el silencio que del momento. Damian nos dice que esperaremos que el viento se calme para comenzar nuestro ascenso. Algo que me encanta de la montaña es ver cómo el clima puede cambiar tan radicalmente en poco tiempo. Al terminar el desayuno comenzó a salir el sol y el viento a desaparecer. Así terminamos de ponerlos el arnés y los crampones para estar listos para el asenso. Ahora el humor anterior de convierte en excitación. Al ponerme mi mochila siento que pesa demasiado. Damian quiere saber qué es lo que estoy llevando y por qué pesa tanto. Al abrirla, saco todo de nuevo y veo que todo lo que tengo es necesario y puedo solo sacar unas calcetas y una bandana extra. Mi mochila pesa unas 35 libras e incluye traje de plumas, dos mudadas de ropa térmica para usar por debajo, gorro térmico, gorro cortaviento, guantes térmicos, guantes de cuero para las cuerdas fijas, mitones (guantes sin divisiones para los dedos), calcetas térmicas para el día de cumbre, comida y sales minerales para llevar el día de cumbre, máscara de oxígeno y regulador, colchoneta térmica para dormir y piqueta. Solo las botas que llevo en el cuerpo pesan unas 8 libras, mas los crampones otras 5 libras cada uno, mas la ropa, el casco, bastón de caminada, el arnés y los carabiners, calculo que debo estar llevando otras 20 libras en el cuerpo mas la mochila ¡son 55 libras! Es lo más pesada que he estado hasta el momento y en esa altitud se sienten como que fuera aún más. Estoy muy contenta que en mi entrenamiento tomé especial cuidado en desarrollar los músculos de las piernas y la espalda entrenando siempre con mochila pesada y no me siento intimidada con lo que me espera: la agotadora pared de Lhotse y los 800 metros verticales para llegar al Campo 3.

Desde el comienzo intento hacer un ritmo constante: deslizo el ascensor en la cuerda fija y coloco un pie a la vez en posición casi horizontal contra el hielo para poder clavar todas las puntas del crampón en el hielo y así no resbalarme. Esos movimientos los debo de coordinar con mi respiración que es muy agitada por la altitud. No obstante el entrenamiento, siento quemar los músculos de mis piernas y brazos. El peso hace que todo se vuelva más difícil. Cuando visualizo las carpas amarillas de nuestro campamento me doy cuenta que esa noche dormiré 250 metros más alto que la cumbre del Aconcagua, la montaña más alta del planeta fuera de Asia. Aquí además las carpas están colocadas en pequeñas plataformas en una pared de hielo de unos 35 grados de inclinación y ya ha habido gente que se ha resbalado fatalmente al salir a hacer pipí. Es como estar en un nido de cóndor con pichones que aún no han aprendido a volar. Con plena conciencia de ese peligro paso la mayoría de la tarde metida en la carpa. Salgo unos minutos para sacar unas fotos en el atardecer que está maravilloso pero estoy siempre conectada a una cuerda con mucho cuidado de no resbalarme. Derretir nieve a esta altitud es muy difícil porque no hay nieve sino hielo y hay que quebrarlo. Esta vez somos 3 personas por carpa. Quien se unió fue Charlie, un chico muy trabajador, acomedido, fuerte y muy buena gente. Para mí fue un verdadero placer tenerlo conmigo y Shawn, ya que el último no está acostumbrado a trabajar en equipo y me hubiera tocado a mí derretir nieve y cocinarle. ésta vez Charlie quiso asumir ese papel y así dispensarme la molestia por ese día. Esa noche dormimos con oxígeno. Casi no se percibe la diferencia pero se dice que al día siguiente no nos sentiremos tan agotados porque el oxígeno te hace descansar mejor. Espero que sea así porque de aquí en adelante el cansancio se apoderará cada vez más de nuestros cuerpos y no tendremos tiempo para recuperar energías.


Séptima entrada


18-05-10

Más novedades escalofriantes

Hoy por la mañana a la hora de desayuno Manoel me llama por la radio. Me dice que esa noche fue un infierno para todos. Casi nadie durmió en el intento de asistir a las dos compañeras. Me dice que Bonita casi se muere y yo siento escalofríos en todo el cuerpo. Ella tiene mucho carácter y su objetivo era convertirse en la mujer más joven de su país en llegar a la cumbre de Chomoulogma. La comunicación está muy cortada y no escucho nada más. Le logro decir que mañana estoy subiendo a Campo 2 y que espero encontrarlo allí y abrazarlo mucho. Nos enteramos también de un mexicano que se quedó durmiendo en la Banda Amarilla por 5 horas y al despertar tenía los dedos de las manos y las orejas congeladas. Estar en el Everest siempre ofrece una eventualidad de que no vuelvas a ver a las personas que conoces o que no te vuelvan a ver. Aunque hoy en día el peligro es menor que en el pasado, sigue siendo real.

Finalmente se ha decido nuestro día de cumbre. Estamos haciendo las apuestas para estar el 23 de Mayo en la cumbre y mañana empezaremos el último y más decisivo ciclo: el ciclo para ir a la ¡CUMBRE! Nos tardará 4 días de escalada para llegar hasta allá.

éste es más o menos el itinerario para los próximos días:

  • 19 de Mayo - Salimos a las 6 de la mañana para ir al Campo 2
  • 20 de Mayo - Descanso en Campo 2
  • 21 de Mayo - Subida a Campo 3 7,200 metros
  • 22 de Mayo - Collado Sur a 7,990 metros
  • 23 de Mayo - Collado Sur - Cumbre - Collado Sur
  • 24 de Mayo - Campo 2
  • 25 de Mayo - Campo Base

del 16-05-10 al 17-05-10

Las grandes noches de cumbres y complicaciones

Hoy Manoel y su grupo salen hacia la cumbre. Yo me siento muy ansiosa. Me quedo con una radio en su frecuencia encendida durante toda la noche. Cualquier ruido en la radio me despierta, pero la mayoría de veces no logro escuchar nada. Escucho a Henry Todd, el manager de su Campo Base pero no logro escuchar lo que dicen del otro lado. Luego escucho que les desea una buena noche y hay silencio por las próximas 6 horas. Hasta que a las 5:30 am escucho una voz diciendo que alguien llegó a la cumbre. Es Canton, un guía inglés que llegó con 3 de sus 5 clientes a la cumbre. Desde ese instante me quedo pendiente para saber el momento en el que Manoel y su grupo llegarán a la cumbre.

El tiempo pasa lentamente para mí. Finalmente a las 7:30 am escucho a Victor, el guía de Manoel, diciendo que ya están en la cumbre a excepción de un miembro que está con un Sherpa y que está atrasado. Luego Henry pregunta cual miembro es y escucho el nombre Manoel. Miles de cosas pasan rápidamente por mi cabeza. él está junto con Greg, el más fuerte de su grupo y me parece raro que se haya quedado atrás con Padawa, un Sherpa muy fuerte asistiéndolo. Decido llamar a Henry para ver si me perdí alguna información pero me dice que no me preocupe porque está a solo media hora de distancia de la cumbre.

Los minutos pasan lentamente para mí. A las 8 am en punto aún no escucho nada, entonces decido ir a su campo para ver si me estoy perdiendo alguna información por la radio de corto alcance que tengo. Estoy casi corriendo entre piedras sueltas y hielo resbaladizo. Estoy casi por llegar cuando escucho que Manoel está pidiendo hablar conmigo. Cuando hablo por la radio, él me escucha. Su voz es lenta y fatigada, me dice que está en la cumbre de la montaña más alta del mundo y que le gustaría mucho que yo estuviera allí también con él. Yo me emociono tanto como él. Tengo lágrimas de emoción en los ojos y estoy extremadamente feliz por él. Hace dos años que soñamos con éste momento y ahora él está viviéndolo. Le pregunto cómo está de salud y me cuenta que tuvo una fuerte diarrea el día anterior y que está debilitado y deshidratado. Le imploro que le pida agua a alguien de su equipo y que beba porque yo sé que él no bebe mucho en la montaña y con diarrea y la deshidratación es necesario que se esfuerce para no desfallecer. Me dice que debe bajar porque el viento puede empezar a soplar en cualquier momento y con un sentimiento mixto de felicidad y preocupación me despido de él. Sé que bajar la montaña puede ser potencialmente cuando todo se complica. Me quedo mandándole pensamientos positivos en espera de las novedades que ya llegó al Collado Sur y que todos están bien, solo así respiraré tranquila.

Esta tarde practicamos el uso del oxígeno y la máscara con mi grupo y no escucho nada de Manoel. Después de cena nos enteramos que Bonita, la chica inglesa de 21 años que conocí en "Las Tierras Bajas" se cayó, se golpeó la nuca y la cabeza y está semi inconsciente en el "Balcony" a 8,400 metros y ya son las 8:00 de la noche. Me quedo muy mal de saber eso. Hace solo unos días estábamos riéndonos y divirtiéndonos juntas. Luego, en otra comunicación de radio escucho que otra mujer del grupo de Henry Todd, Anita de Hungaria, que aparentemente está con asma y no puede respirar bien. Su esposo que está casi sin voz, está muy nervioso e insulta a la doctora que está intentando ayudar desde el Campo Base. La tensión se intensifica en el Campo Base. Son dos situaciones extremas y difíciles de resolver. Willie pone a disposición una camilla que tiene en Collado Sur para poder bajar a Bonita, él está siempre involucrado en los rescates del Everest pero es lo máximo que puede hacer encontrándose en Campo Base. Por el otro lado, la pareja está en la pared de Lhotse intentando bajar hasta el Campo Dos, talvez en el intento de mejorar la situación del asma de la chica. Son las 9 de la noche y no sabemos que pasará durante la noche. A una cierta hora sabemos que Anita, por estar intensamente deshidratada tiene una densa embolia que tiene trabado en el pecho y la asfixia hasta que se queda inconsciente. Luego gracias a la asistencia de todos sus compañeros y una doctora del Campo Base finalmente logra escupirlo y así respirar mejor y llegar a salvo a Campo 2. Mientras tanto no sabemos nada más de Bonita, solo el hecho de que su vida corre mucho peligro allá arriba. Yo oro para que se recupere y el tiempo no empeore las cosas.


del 12-05-10 al 15-05-10

En espera del buen tiempo

La razón para regresar al Campo Base es porque el tiempo ha estado particularmente inestable. Al parecer hay ventanas de buen tiempo pero son muy cortas, solo de uno o dos días. Las ventanas de tiempo son los lapsos en donde el viento se calma. Por eso se espera específicamente por ésta temporada del año, cuando el monzón (fuertes lluvias) que vienen del sur se mueven hacia el norte desplazado mucho viento que se choca con el "jet stream", el viento constante que viaja alrededor de la tierra a una velocidad de 120 a 160 kilómetros por hora en sentido horario. Ese "jet stream" está constantemente sobre la cumbre más alta del mundo, a excepción de unos días por año y eso es lo que estamos esperando ahora.

Al parecer hay una ventana del 16 al 17 de Mayo y hay algunos grupos que se han comenzado el asenso para probar suerte esa noche. El único problema es que el 17 de Mayo los vientos empezarán a incrementar de nuevo y los grupos deben de ser lo suficientemente fuertes para bajar lo más rápido. Hay muy poco margen para errores. Uno de esos grupos es el de Manoel. Estamos en expediciones diferentes y de consecuencia en planes, estrategias y sobre todo fechas diferentes. Nos hemos visto muy poco porque cada vez que yo subo la montaña para aclimatarme él baja y viceversa. Su expedición decide apostar por esa noche. Son un grupo bastante fuerte y creen que el corto tiempo les será suficiente para subir y bajar antes que el viento de 60 kilómetros por hora llegue. Yo me quedo algo preocupada pero por otro lado tengo mucha fe que harán las decisiones adecuadas.


del 07-05-10 al 11-05-10

Recuperando energías en las "Tierras Bajas"

Estos días que he estado rodeada de bosque, flores, animales y humanos ha sido una dosis masiva de vida en mis venas. Duermo 14 horas al día, tengo mucho apetito y como en consecuencia. Además estoy tomando de nuevo antibióticos que complemento con esteroides y un inhalador para ver si así se me pasa la tos que no me abandona ¡hace más de un mes!. Esa es la situación de muchísima gente en el Campo Base éste año. Lo complicado en altitud es que si te enfermas la recuperación es muy lenta, especialmente en los bronquios por el aire tan frío y seco que hay aquí. Creo también que mi historial de asma cuando era niña no me ha ayudado.

Me he divertido mucho en estos días. Puedo finalmente compartir un poco de tiempo con Manoel que no habíamos estado juntos desde que empezó nuestra expedición, ya que estamos en grupos separados. Por otro lado conocí a Phe, Bonita y Rob, tres chicos ingleses muy divertidos que saben entretenerse y pasarse bien el tiempo. Así Manoel y yo compartimos tiempo con ellos, jugamos cartas, hacemos juegos, chistes y tomamos vino por las noches para acompañar nuestras grandes cenas.

El 11 de Mayo recibo la orden de regresar y así empiezo el largo ascenso hasta del Campo Base. Salgo de 3,700 para llegar a 5,350 metros. Considero como estar "regresando a casa" ya que desde que empecé la expedición me programé mentalmente para estar allí dos meses.

Al subir siento mis energías al máximo. La tos pasó casi completamente y por primera vez desde que empecé la expedición, siento que respiro con el 100% de mis pulmones. Mis pantalones de trekking que se habían aflojado por las 7 libras que perdí, ya no me quedan tan flojos. Haber dormido en una cama en vez de en una colchoneta, aunque sea por unos días, me ha ayudado a descansar mejor y el oxígeno me ha hecho dormir profundamente. Todos estos factores me hacen sentir que podría subir hasta la cumbre ese mismo día. Creo que es muy bueno para la memoria sentir que al bajar todo mejora, todo cambia, todo es más fácil, hay salud, vida, calor, energías y buen humor. Pero cuando llego al Campo Base y duermo esa primera noche, mis labios y mi piel se secan, mi nivel de energías y mi apetito disminuye, mi nariz de tapa y me doy de nuevo la bienvenida a las "Tierras Altas", a la segunda mitad vertical del planeta.


Sexta entrada


07-05-10

A bajar se ha dicho

Hoy bajo hasta Dingboche, un pueblo a 4,300 metros de altura. Mañana bajaré hasta Deboche a 3,700 metros. Allí me hospedaré en un nuevo refugio de montaña que se localiza en medio de un "bosque encantado". Lo llamo así porque hay muchos árboles y parece aquellos bosques de los cuentos donde se podría llegar a ver hadas y duendes.

Recuperaré peso y energías en las tierras bajas hasta el 10 de Mayo.


06-05-10

Los beneficios de bajar antes de ir a la cumbre

Hoy todos mis compañeros bajaron al aire espeso lleno de oxígeno de las tierras que están abajo de los 4,000 metros. Cuando hablo con otras personas que ya lo hicieron me cuentan los efectos casi mágicos de bajar: "Se me curó la tos" "Sentía que estaba preparado para subir desde el Base hasta la cumbre sin parar" "Tenía finalmente mucho apetito" "Dormía 14 horas por día". Después de tantos testimonios así no veo la hora de que todo eso me pase a mí también. Siento cómo he bajado las 6 libras extras con las que vine a la montaña y espero no seguir bajando más pues no tengo mucho peso extra. A pesar de que me esfuerzo por comer, el cuerpo no asimila tanto los alimentos en altitud. No es por nada que los seres vivos no viven más arriba de los 4,500 metros permanentemente en ningún lugar del mundo.

Yo me tomé la libertad de quedarme un día más en el Campo Base para poder ponerme al día con mis relatos, escoger fotos para mandar y pasar mis videos a la computadora para tener un back-up en caso la filmadora deje de funcionar por las condiciones de frío y altitud en las que se encuentra.

Me hace muy feliz poder compartir estas experiencias inolvidables de los Himalayas con mi gente, especialmente porque siento que estoy aquí representando a cada una de las guatemaltecas y guatemaltecos y desde ya están viviendo conmigo el reto de llevar nuestra bandera al punto más alto de la Tierra.


05-05-10

Completo el tercer y último ciclo de aclimatación

Hoy, hago mis respectivos "quehaceres de carpa": ordeno, limpio, organizo, lavo ropa, etc. Mientras lo hago me invade un sentimiento de satisfacción y conquista. He cumplido el 75% de tiempo y actividades de ésta larga expedición. Solo falta el cuarto y el último ciclo. Por el otro lado, es el ciclo decisivo, el más difícil, el más duro y el más peligroso.

Todas las cosas que necesito para la cumbre ya están posicionadas en Campo 2. Ahora solo me falta llevar una camada más de ropa limpia para los 6 días ida y vuelta que dura el ciclo.

En los últimos años, buena parte de las expediciones baja a menos de 4,000 metros para que el cuerpo se recupere del estrés de la altitud y se llene de energías antes de partir para la parte más desgastante de la expedición: El día de cumbre.


04-05-10

De regreso a las comunidades del campo base e imprevistos

Al llegar al Campo Base me apuro a ir a mi carpita para alistarme para entrar a la ducha. Cuando llego percibo que la cambiaron de posición pues con el movimiento del glaciar estaba casi por caerse por un lado.

Después de una buena ducha y un buen almuerzo me dispongo a hacer una merecida siesta en la paz de mi campamento. Pero veo algo de agitación entre los hermanos Benegas y Leo. Me entero de que Leo está haciendo pipí con sangre y que siente mucho dolor y que en breve un helicóptero está por venir para llevarlo a una clínica privada en Katmandú. La impermanencia de los hechos aquí no deja de sorprenderme, un día todo parece estar bien al otro hay que tomar medidas drásticas o cambiar planes. Esto sucede especialmente con salud y condiciones climáticas. Con un nudo en el corazón me despido de Leo y deseo que se recupere y regrese pronto. él es una persona muy positiva y determinada y sería una gran pérdida en el grupo si no pudiera estar más con nosotros.


03-05-10

Tocando campor tres - La diversión Total

Hoy no pongo mi despertador. A lo lejos escucho una voz llamando mi nombre y esa voz se incluye en mis sueños. Por un momento no se si estoy soñando o es la realidad. Después me doy cuenta que es Damian que está apurándonos para levantarnos y alistarnos pues el día está maravilloso y la pared de Lhotse nos espera.

El nivel que motivación que llevo es excesivo. El hecho de evitarme repetir el mismo ciclo de aclimatación me deja feliz y me siento de nuevo con mucha suerte de poder disfrutar un día tan bello en el Techo del Mundo.

Al llegar a la base de la pared preparo mi ascensor para "cliparlo" a la cuerda por los próximos 500 metros verticales. El ritmo es un paso con cada pierna y un estirón de brazo con el ascensor. Intercalo cada movimiento con una respiración profunda. Una vez que encuentro el ritmo perfecto llego al Campo 3 casi sin percibirlo. Escucho una voz a lo lejos diciéndome que espere allí pues ya estoy al lado de nuestro pedacito de campamento 3.

Que dicha sentirme saludable, qué dicha sentirme feliz y satisfecha de haber llegado a mi objetivo. En total subí 800 metros verticales, buena parte de ellos en una pared técnica, y mi sensación general es la de haber tenido mucha diversión.

El regreso es aún mejor. Los Sherpas tienen una técnica para bajar las cuerdas de manera rápida y efectiva. Imitándolos empecé a bajar con Charlie, uno de los chicos argentinos y estábamos de vuelta a la base de la pared en menos de 45 minutos. Llegue el Campo 2 exhausta y con mucho apetito.

Esa tarde Leo, la persona más gourmet del grupo preparó un aperitivo con una amplia variedad de salamis y quesos importados, pan, aceite de oliva y tomates secos, un verdadero lujo a los 6,400 metros de altura en los que nos encontramos.

Todos estamos ansiosos y contentos de poder bajar mañana al Campo Base. Ahora solo resta esperar la famosa ventana de buen tiempo para poder ir a la cumbre.


02-05-10

Cambio de planes por mal tiempo

Durante la noche escucho el incesante sonido de la nieve que cae sobre la carpa. Se puede percibir que hay rayos y relámpagos que hay en el horizonte porque la carpa se ilumina repentinamente por fracciones de segundo.

Al día siguiente el Campo Dos está cubierto de nieve. Cuando abro la puerta de mi cubículo amarillo veo el paisaje completamente blanco con algunas secciones coloridas de las carpas y aún no ha parado de nevar. Durante la noche no duermo bien pues la expectativa de ir al Campo 3 y despertarme a las 6 de la mañana de alguna manera me hace despertarme varias veces pensando que es hora de levantarse. Llegan las 6:30 AM y nadie se atreve a salir de sus respectivas carpas ni para avisar que el programa está cancelado por hoy. Con un suspiro, me doy la vuelta en mi bolsa de dormir cierro los ojos para abrirlos de nuevo solo a las 9:30 y despertarme de un profundo sueño.

Hoy es uno de esos días en el que todos estábamos preparados para hacer algo y de pronto estamos sin planes. La escena es así: estamos todos sentaditos alrededor de nuestra carpa social mirando el suelo y el techo, desganados y con pocas ideas para entretenernos. Afuera el viento fuerte y la nieve sigue por lo que salir a hacer algo está totalmente descartado.

A una cierta hora en la tarde me siento tan aburrida que salgo en medio de la tormenta a visitar a mis amigos de otra expedición con un paquete de cartas en mi bolsillo. Así paso una parte de la tarde, entre ráfagas de viento, té, cartas y nieve cayendo.

No sabemos con seguridad si el tiempo mejorará mañana. Si mejora, subimos al Campo 3, nos quedamos un tiempo allí para aclimatar y bajamos a dormir al Campo 2. Si el tiempo no mejora, tendremos que bajar de nuevo al Campo Base en medio de las nevascas y volver a repetir el tercer ciclo de aclimatación. Esa segunda opción me incomoda mucho. No quiero tener otros dos viajes por la Cascada de Hielo pero sé que eso no depende de mí. En la montaña sé que tengo que respetar el clima y actuar según las condiciones existentes. Eso requiere una buena dosis de paciencia y de flexibilidad. Esas características las he aprendido a tener en la montaña pero siguen siendo una prueba no siempre sencilla para mí.


01-05-10

Limpiando el campo dos en nuestro día libre

Hoy la misión es cuidar a nuestra Madre de la Tierra haciéndola sentir respetada y querida. Cada uno de nosotros tomamos un costal en mano y vamos alrededor del campamento a recoger basura. Hay todo tipo de cosas: latas, barriles plásticos, guantes, zapatos, pedazos de cuerdas y algunos de mis compañeros encontraron también restos humanos.

Lo que más me ofende es cuando encontramos una grieta llena de bolsas de basura y de heces fecales. Hay muchas bolsas, tantas que sacamos solo las que se encuentraban en mejor estado y nos resignamos al hecho que dejaremos aún demasiada basura en la montaña. Tengo la esperanza que podamos ser un ejemplo para que otras expediciones nos imiten y tomen conciencia. Solo el permiso para estar aquí es de 10,000 dólares por persona que va al gobierno y me sorprende que no se tomen medidas serias al respecto.

Poder participar de ésta actividad me hace sentir muy bien.

Por la tarde escuchamos mucha música. El astral del grupo está alto y pasamos las horas conversando, tomando té y cantando.


30-04-10

Caminando bajo la lupa de Western CWM

Hoy salimos a las diez de la mañana hacia el Campo 2, a tan solo dos horas de caminada por el conocido "Valle del Silencio". Al salir de mi carpa ya estoy sudando y me preparo con ropas livianas para la travesía, además llevo poca agua porque el tiempo de caminata me parece muy corto como para que valiera la pena derretir nieve por una hora y llevar dos kilos extra en mi mochila. Esta vez mi mochila pesa unos 15 kilos, lo que se siente más pesado en ésta altitud.

Es la primera vez que paso esa sección de 300 metros de desnivel sin que sople el viento. Eso hace que éste valle en forma de herradura se vuelva un horno. La nieve actúa como espejo e intensifica los rayos del sol y el calor. En un cierto momento mi ritmo, que estaba muy bueno, empieza a disminuir. Paro para beber el medio litro de agua que llevo pero no es suficiente. Veo la temperatura y marca 42 grados centígrados. Me parece una locura estar a más de 6,300 metros y sentir un calor más intenso que el de Monterrico en plena Semana Santa.

Me doy cuenta que no puedo nunca estar con poca agua en la montaña. Aunque sea un recorrido corto las condiciones aquí pueden ser tan extremas que es muy fácil deshidratarse, tener insolación y quemarse la piel expuesta.

Con éste importante recordatorio llego exhausta a mi Campo 2 y tomo dos litros de agua en menos de 15 minutos.

El resto del día descansamos en nuestra carpa social y escuchamos música que nos pone de buen humor y nos ayuda a hacer pasar las largas horas vespertinas.


29-04-10

Partiendo para el tercer ciclo de aclimatación (Parte 2)

Hoy atravesé la Cascada de Hielo en cuatro horas y media. Al llegar al Campo 1 paso la tarde entera derritiendo nieve.

La aclimatación o adaptación del cuerpo a la altitud es increíble. Me acuerdo como la primera vez aquí fue incómoda, no dormí muy bien, no tenía demasiado apetito, me esforzaba por beber y pasé la noche sin poder encontrar una posición buena para dormir y me sentía con un poco de frío. ésta vez es como estar en el Campo Base, tengo apetito y lo único que tengo que controlar es beber el mínimo de cuatro litros por día. Talvez no necesite beber mucho aquí pero definitivamente va a ser importante para la aclimatación futura.

Pasé unas horas en la carpa platicando con Shawn y escuchando música. Afuera está nevando pero aún así decido ir a socializar con mis vecinos de otros campos.

Cuando llego al Campo de mis amigos americanos, ellos ya cenaron y están listos para ir a dormir. Cuando veo mi reloj son solo las 5 de la tarde y me sorprende como nuestros horarios "latinos" son diferentes. Primero, salimos siempre a las 6 de la mañana cuando otros grupos salen a las 3:30 o 4:00 de la mañana. Segundo, cuando estamos en Campo Base no salimos de la carpa hasta que el sol la caliente y los 40 grados que se sienten adentro nos obliguen a salir a desayunar, o sea más o menos a las 9:15 de la mañana. Tercero, después del almuerzo hay por lo menos dos horas de siesta por las tardes. Y cuarto, la cena es por lo menos a las 7 de la noche y nos vamos a dormir a las 10 PM, eso cuando no hay visitas u otras actividades sociales como ver películas. Creo que este estilo cómodo de planificar el día me hace sentir relajada y con muchas energías cuando es hora de ponerme en acción y subir a los campos altos.

Hay algo de ésta expedición que me gusta bastante: 6 de los 9 participantes somos "independientes" o sea, tenemos la libertad de hacer nuestro ritmo en las caminadas y no contamos con la presencia obligatoria de los guías de la expedición. La única regla es estar siempre en dos personas, nunca solos. Así me uno a uno de los chicos argentinos y camino rápido por la Cascada de Hielo. Me gusta caminar rápido cuando cruzo la Cascada ahora que estoy aclimatada, sobre todo porque quiero estar fuera de esa sección lo antes posible para minimizar el riesgo de accidentes.

Hasta el momento tres secciones de la ruta hacia el Campo 1 han colapsado. Prácticamente cada vez que paso por la Cascada veo variaciones en la ruta, nuevas escaleras de hierro que unen grietas más abiertas, nuevas cuerdas fijas que no existían. Eso solo me hace sentir con mucha suerte y de alguna forma bendecida de no haber estado allí cuando eso sucedió.


Quinta Entrada


29 de Abril

Partiendo para el tercer ciclo de aclimatación

Hoy salgo de nuevo a las 6 de la mañana para atravesar por tercera vez la Cascada de Hielo. En los últimos días ha estado nevando bastante no sé aún si esto es bueno o no para la Cascada pero iré con pensamientos positivos. Esta vez me quedaré por otras 4 noches en los campos altos y tocaré por primera vez el Campo 3 a 7,300 metros. Para llegar allí tendré que subir por la inclinada pared de hielo de Lhotse. Según los escaladores es la parte más difícil después del día de cumbre.

Al regresar el 3 de Mayo escribiré más novedades con imágenes.


Del 24 de Abril al 28 de Abril

Días de descanso

En éstos días me dedico a lavar ropa, limpiar mi carpa, socializar y escribir mi blog. Gracias a todas las personas que están pendientes. Me siento muy orgullosa de poder representar mi querida Guatemala.


24-04-10

Actividades y sorpresas en campo dos

Hoy salimos para una caminada de aclimatación hacia la base de la pared de Lhotse a 6,700 metros. Esa pared es muy famosa por ser extremamente agotadora y larga. Mide 1,200 metros desde su base y tiene una inclinación desde 40 a 45 grados. ésta temporada está particularmente seca por lo que la pared es de puro hielo resbaladizo y macizo. Llegando a su base pude ver lo azul del hielo y su ángulo constante. Se ve realmente intimidante y muy larga.

Durante el camino encontramos restos humanos. Vi una mano, un pie dentro de una bota y algo que parecía un cuadril. Al alzar la vista veo la arista que lleva hacia la cumbre. Es esa sección es donde han habido más muertes en la montaña. Desde allí también muchas veces caen piedras desde 2,000 metros de altura por lo que son accidentes letales cuando suceden. Más arriba en la pared, mis compañeros vieron el cuerpo intacto de un tipo de Kazakstán que murió la temporada pasada en una avalancha. Sus compañeros, que lo habían dejado solo, lograron rescatar el cuerpo y colocarlo adentro de una bolsa de dormir y luego en una grieta. La grita se encargó de desecharlo de sus profundidades y la falta de nieve hace que todo se quede visible y a la vez desagradable de ver.

Ahora realmente siento que estoy más cerca de la cumbre. Puedo ver la localización del Campo 3 y el Collado Sur en donde se encuentra el campo 4. Aunque todo me queda a la vista, el desnivel de altitud es de más de 2,000 metros y me no puedo dejar de impresionarme con la magnitud de ésta empresa y de la Diosa Madre de la Tierra.

Mi segunda noche en el Campo 2 no fue mejor que la primera. Me siento lista para bajar a las comodidades del Campo Base. Sueño con una ducha caliente y con la deliciosa cocina de Babu Ram, nuestro apreciado chef.


22-04-10

Durmiendo en campo dos (6,400m) El basurero de la zona dos en Everest Es una verdadera suerte, según los veteranos de la montaña, que ése año la ruta hacia el Campo 2 sea tan directa y de consecuencia corta. Por lo general hay que caminar en zig-zag evitando las grietas pero al parecer éste año no hay muchas y la ruta va directamente al Campo por lo que nos tardamos menos de dos horas en llegar.

Hoy me siento de nuevo fuerte. Me doy cuenta que logro mantener un ritmo de respiración y caminada por bastante tiempo sin parar. Aún así, me recuerdo de cómo en un solo día en mi intento por escalar el Island Peak me enfermé en cuestión de horas y tuve que abortar el plan. En la montaña, así como el tiempo puede cambiar drásticamente en el mismo día, del mismo modo la salud es tan frágil a estas alturas que puede perderse casi sin darnos cuenta. Por eso cada día que me levanto agradezco por mi salud y por poder caminar y disfrutar el día al máximo.

Al llegar al Campo 2 me impresiona la cantidad de basura que hay. Se pueden encontrar thermos, zapatos, ropa, cuerdas, pedazos de carpas destruidas en alguna tormenta, etc y hay muchos lugares con desechos orgánicos por doquier. Eso me deja muy triste e indignada. La falta de conciencia y de respeto por la montaña es muy visible y me pregunto ¿por qué los humanos tenemos tendencia a destruir las cosas en lugar de dejarlas mejor?. Creo que lo que podemos hacer es llevar alguna basura para el campamento base cuando bajemos.

Subiendo un poco mas llego a mi campamento pero vemos que las carpas no están listas todavía entonces me dispongo a ayudar a los Sherpas a hacerlo. En mis viajes de trekking y escaladas estoy acostumbrada a montar mi propia carpa y a veces me siento un poco incomoda de tener otra gente que lo haga por mí. A ésta altitud cada pequeño esfuerzo se siente muy agotador. Tomo una pala en mano y con ella limpio las piedras, lo puedo hacer unas 5 veces y debo parar para respirar y recuperar las energías, así los Sherpas y yo nos vamos dando turnos hasta que las dos carpas están montadas.
Por la tarde aprovecho para socializar un poco con mis nuevos amigos y por la noche me esfuerzo para comer, ya que no siento mucho apetito. Cuando me voy a mi carpa y entro en mi bolsa de dormir de -54 grados, siento que la tos empeora. Esa es la primera noche que la tos me incomoda durante la noche desde hace 12 día que la tengo siempre presente. No logro encontrar una posición buena, especialmente porque el terreno abajo tiene muchas piedras. Paso la noche dando vueltas intentando dormir y encontrar una posición cómoda. Al final pienso que no importa mis esfuerzos, es mi primera noche en una nueva altitud y es normal no dormir bien. Resignada prendo mi lámpara y tomo mi libro, que por suerte está bastante bueno y divertido, y recorro muchas de sus páginas hasta que el sueño me vence por la madrugada.


20-04-10

Durmiendo en campo Uno (6,100m) Campamento en las dunas de hielo

Hoy salimos a las 6 de la mañana, salimos para enfrentar la Cascada de hielo por segunda vez. Hoy me siento fuerte y con buenos ánimos a pesar que la tos aún no ha pasado y que cada vez que paro para descansar toso sin parar. Es el caso de todos mis compañeros de expedición.

Durante la escalada me encuentro con el grupo de Alpine Ascents, una compañia que organiza expediciones de los EEUU. Conozco a los guías y a algunos de los clientes de mi expedición al Cho Oyu el año pasado. Con mucha alegría de verlos de nuevo los saludo y me invitan a descansar y refaccionar con ellos. Es muy bueno conocer otra gente en la montaña y charlas cosas distintas. Estoy segura que cada persona que está aquí escalando el Everest tiene historias fantásticas e interesantes para contar. Es la belleza de los seres humanos, somos cada uno un mundo y todos tenemos cualidades, tenemos siempre algo para enseñar y aprender de otros.

Al llegar al Campo 1, mi compañero de carpa el canadiense Shawn está exhausto y llega una hora después. Yo voy a buscar nieve para derretir y empezar el gran trabajo de derretir nieve y beber durante toda la tarde. Esta tarde yo me encargo de hacerlo por el también. En la montaña es así, todos algún día nos sentimos más cansados o debilitados y es bueno poder contar con nuestros compañeros. Aún así Shawn no está acostumbrado a cocinar ni a trabajar en equipo, por eso al día siguiente le hablo para que él colabore también con el trabajo del Campo.

Como consecuencia de la fuerte hidratación debo ir al baño varias veces. Nuestro baño es una cubeta con taza de plástico y una bolsa negra. Está rodeada de blocks de hielo para dar privacidad y protección contra el viento tan frío. Me da mucho gusto que Patagonian Brothers sea una compañia que se preocupa por la limpieza y el respeto por la montaña. Hay muchas expediciones que usan las gritas como inodoros y basureros. Conforme el glaciar se mueve y cambia rumbo las grietas se cierran y nuevas se abren. De eso modo el glaciar escupe la suciedad que fue puesta anteriormente. La naturaleza es así, nos devuelve lo que le damos.

Después de una caminata de aclimatación en Campo 2 regresamos a dormir por segunda vez al Campo 1 para consolidar nuestra aclimatación.


Cuarta Entrada


Regreso al Campo Base y actividades sociales extra

Al medio día la Cascada de Hielo es aún más inestable. Para mi tensión, supimos que una sección de los Campos de Futbol se hundió unos 20 metros y ahora se abrió una nueva ruta para pasar. Al andar por allí veo pedazos de hielo quebrado alrededor como si una bomba hubiera explotado en el lugar. Por momentos siento que estoy jugando con mi suerte o mi destino pero intento pensar positivo y sentirme protegida espiritualmente. Después de un lento descenso de cinco horas, una menos respecto a la subida, llego exhausta y muy contenta al Campo Base. Ahora éste campo es como llegar a mi casa. Después de una deliciosa ducha de agua caliente y un abundante almuerzo, me preparo para ir a una muestra de fotografías por David Breshears. él es un montañista veterano, director de películas como Everest IMAX y fotógrafo. La muestra trata de una comparación de los glaciares de los Himalayas en los años 20 hasta la actualidad. La cantidad de hielo que disminuyó entre los años 20 a los 50 en altitudes abajo de los 6,000 metros es impresionante. En un modo un poco más lento, los humanos hemos visto los glaciares retroceder año por año y con eso surge una nueva pregunta: ¿Cuánto tiempo más las comunidades que habitan los Himalayas tendrán acceso al agua de los glaciares para vivir?

Al terminar mi intenso día, me retiro a mi carpa para un profundo sueño reparador. Los próximos tres días serán de descanso y preparación para volver a subir al Campo Uno y Dos en donde nos quedaremos por tres noches.


Conociendo el campo uno por primera vez

Hoy salimos a las 4 de la madrugada para atravesar la tenebrosa Cascada de Hielo, un laberinto de nieve y blocks de hielo que está en constante movimiento. Al principio todo me parece muy emocionante. Dejando de pensar en el peligro del terreno, se queda todo como un campo de juegos. Allí hay varias pruebas que deben de ser superadas. Hay subidas y bajadas, varias cuerdas fijas, pequeñas lagunas de agua de glaciar y escaleras. Parece un poco el juego Serpientes y Escaleras. En la oscuridad, las respiraciones parecen más intensas y también la interiorización de todo lo que me rodea. El sol empieza a aparecer y adorna tan solo la cumbre de Pumori, una montaña en forma piramidal muy bella en frente de la Cascada de Hielo.

Llegamos a la sección que se llama Poporopo en donde nuestros pasos deben de ser constantes por la inestabilidad de los blocks gigantes de hielo. Estamos a una altitud de 5,700 metros y caminar más rápido sin parar hace que mi respiración sea más intensa. Aún tengo tos, la famosa tos del Khumbu, causada por el aire seco y frío que hay siempre aquí. Cada vez que paro comienzo a toser fuertemente y del mismo modo Damian y Shawn lo que hace parecer que estamos presentando un concierto de toses de diferentes tonos.

Al amanecer, paramos para comer y beber algo pero no logramos quedarnos cinco minutos pues el frío se hace más intenso en ese horario. Seguimos en ritmo constante hasta llegar a "Los Campos de Futbol". La característica de ese terreno es que el hielo está sostenido por muy poca área. Hay mucho aire por debajo por lo que no es difícil que las secciones se desplomen en cualquier momento. Las escaleras en esa sección son más largas y yo aún no me siento confiada al atravesar. Lo hago lentamente y con precaución. Sé que la forma correcta de hacerlo es colocar mis brazos hacia atrás en las cuerdas e inclinar mi cuerpo al frente. Al mismo tiempo cazar las divisiones de las escaleras entre las puntas de mis crampones. Me parece mas fácil entender en concepto que aplicarlo pues siento que no tengo mucha estabilidad al pasar, sobre todo porque mis crampones tienen pequeñas protuberancias en las puntas frontales y al hacer cada paso me demora un par de segundos cazarlos bien en las escaleras. Cuando las escaleras son muy largas, le pido a Shawn que tensione las cuerdas y con eso mi pasaje se vuelva mucho más rápido y estable.

Esa sección termina con tres escaleras unidas paralela a una larga pared vertical de unos 30 metros. Al subir, los pies logran pasar solo unos pocos centímetros a través de la escalera porque está pegada a la pared de hielo. Eso unido al movimiento de mi mano para deslizar mi ascensor por la cuerda al lado me da mucha inseguridad. La escalera me parece interminable y debo controlar mi respiración y mis nervios al mismo tiempo. Al terminar esa sección tengo la sensación de haber llegado a una cumbre. Tengo por seguro que fue una de esas cumbres internas que se deben superar en momentos emocionales intensos.

Desde allí, hay que caminar en zigzag por un terreno que parece dunas de arena blanca hasta llegar al Campo 1. Al llegar me siento muy feliz. Por un lado pasé por primera vez la Cascada de Hielo, que es en mi imaginación la sección las peligrosa y escalofriante de toda la montaña y por el otro lado esto es lo mas cercano que he estado de mi objetivo. El Campo Uno se encuentra a 6,100 metros, el día está despejado y desde aquí puedo contemplar lo que me espera en mis futuros ciclos de aclimatación: El Campo Dos y Tres, la agotadora y larga pared de Lhotse y el Collado Sud, en donde se posicionará como un nido de cóndores el Campo 4, desde donde partiré hacia la cumbre.


Tercer Entrada


13-04-10

Primeras prácticas en el hielo

Hoy salimos en dirección a la Cascada de Hielo en donde los guías montaron cuerdas y escaleras de metal para practicar lo que nos espera en nuestra escalada hacia el Campo 1. La práctica fue bastante divertida y me pareció emocionante estar caminando sobre las escaleras con crampones, que es lo que en mi imaginación me parece la parte más aterradora de la cascada de hielo: cruzar profundas grietas unidas solo por una o más escaleras.

Mañana estaremos saliendo a las 4 de la mañana, cuando hay mas frío, para evitar la caída de avalanchas durante el ascenso.


12-04-10

Conociendo a mi grupo

Estoy bastante contenta de pertenecer a una expedición casi hispana. Hay cinco chicos de Argentina: Ramón, Alvar, Cuny, Marcelo y Charlie. Ellos componen una expedición independiente pero compartimos los servicios "Patagonian Expeditions". En mi grupo están los hermanos Damian y Willie Benegas, dueños de la empresa y como clientes estamos Leo de Argentina, Sean de Canadá y yo de Guatemala.

El equipo de Sherpas son: Lakpa, Tulsi, Gelyen y Pemba. Además hay otras 10 personas locales que se encargarán del trabajo de la cocina y de llevar el equipo general del grupo, como el oxígeno y las carpas a los campos altos. Algunos de los nombres son Babu, Shiam, Pemba, Gelgyen, Shiva, etc., me aprenderé el resto con un poco más de tiempo. Cada integrante del grupo de trabajadores es muy importante. Además de su gran ayuda y su duro trabajo apoyando la logística de la expedición, sus risas y su buen humor me confortan e inspiran. Cada integrante del mi grupo será una herramienta para aprender algo, pues hay siempre algo que aprender de las otras personas. En una expedición como éstas el trabajo en equipo es fundamental.


11-04-10

Mi primera noche en el campo base

Hoy salgo a las seis de la mañana desde Dingboche a 4,300 metros para llegar al Campo Base a 5,300 metros. Ayer había un viento muy fuerte y aún sentía que mi tos estaba muy presente como para seguir subiendo. En altitud la inmunidad del cuerpo se deprime y creo que quedarme una noche más "en las tierras bajas" me hará consolidar mejor mi salud. Me levanto a las cinco de la mañana cuando el cielo aún está oscuro, preparo mis cosas, arreglo mi mochila y salgo después de haber tomado unas 3 tazas de té. Por el momento debo evitar bebidas frías para no irritar la garganta. La luz del amanecer es fantástica. Los colores anaranjados tenues hacen ver todo más lindo, sobre todo el rostro de una niña sherpaní que fue a llevar a sus vacas a pastar y está descansando sentada con las montañas nevadas al fondo. Siento que estoy en un trekking muy solitario. Estaba acostumbrada a estar rodeada de muchas personas por mucho tiempo y ahora, por el horario, no veo a nadie en el camino. Hago una parada para desayunar y otra para almorzar. Me alegra mucho sentir que los dueños de los refugios me desean buena suerte en mi expedición regalándome unos chocolates o no cobrándome la comida y me llaman de hermana. Eso me hace sentir que aunque esté en un lugar remoto, es de un cierto modo familiar y conocido. Al llegar al Campo Base conozco a quienes serán mi equipo por los próximos dos meses. Allí me recuerdo lo que el lama en el monasterio de Pamboche me dijo al darme la bendición y protección para la expedición. Me recordó los principios éticos de la montaña:

  • Pensar en cosas buenas para el beneficio de las otras personas
  • Ayudar al prójimo siempre que me sea posible
  • Cada vez que esté escalando tener solo pensamientos puros y positivos

Llego a las tres de la tarde a mi destino y con alegría veo que mi carpa ya está montada con mis bombonas que contienen mi equipo personal posicionadas afuera. Desde mi carpa, tengo la vista de la temida Cascada de Hielo del Khumbu. Me doy cuenta que después de haber "caminado" por dos años el momento llegó. Estoy finalmente en donde soñé estar. Estoy en donde pensaba que quería llegar mientras vivía mis duras jornadas de entrenamiento. Esa noche me acuesto y siento que estoy acostada sobre un ser viviente. Por la noche escucho avalanchas y derrumbes de piedras en las montañas cercanas. Estoy acampando abajo del glaciar del Khumbu que viene directamente del Everest. El glaciar es un río congelado que baja por el peso del hielo que se forma arriba y se mueve dos centímetros por día. Abajo de mí escucho hielo quebrándose, es el glaciar que sigue su rumbo natural y así me quedo dormida.


Segunda Entrada

UN MERECIDO Y OBLIGATORIO DESCANSO

Cuando llegamos a Chukkung celebramos el éxito con tan sólo una cervecita, pues los antibióticos y el buen juicio no nos permiten más. Estaba casi por irme a dormir cuando veo un ser con una mochila enorme entrar en la sala del restaurante del lodge jadeando de cansacio. Es Manoel, que caminó más de 30 kilometros y subió más de dos mil metros para ver como estaba. Se quedó muy preocupado cuando me enfermé y no sabía el grado de malestar en el que me pudiera encontar pues aquí las comunicaciones son muy limitadas. Al entrar y ver la escena: yo platicando y riendome con Manuela con una cerveza en la mano no sabía si estar aliviado o arrependido por estar allí. De todos modos fue muy lindo saber que alguien se preocupa a tal grado por mi salud. En realidad no estoy grave pero de haber subido hasta 6,200 metros enferma, podría desarrollar un edema pulmonar y eso significa el fin de mi expedición.

Manaña tengo un día entero de descanso antes de empezar el viaje de dos días de nuevo hacia el Campo Base, esta vez para quedarme por 50 días.

ISLAND PEAK

Mientras Manoel termina de bajar con el resto del grupo yo iré con Manuela Rosales de Guatemala y Guto Ferrarini de Brasil al Island Peak, una montana de 6,189 metros.

Bajamos de nuevo a Dimboche a 4,300 metros. Es el pueblo habitado permanentemente más alto de la región. Allí, a pesar del cansancio general, hacemos una pequeña fiesta de despedida con el grupo. Ayesha, la pequeña del grupo con sólo 15 años, nos hace una presentación de zapateado para finalizar. Al día siguiente, nos despedimos muy emotivamente del grupo que está bajando y el trío de Island Peak subimos hacia Chokkung a 4,750 metros. Por un lado me siento relajada de estar en un grupo pequeño para hacer algo que me encanta: escalar montañas. Por el otro lado siento que no he tenido un día de descanso desde hace más de un mes. Al día siguiente caminamos varias horas y subimos 700 metros hacia el Campo Alto. Me siento muy feliz de estar regresando a la primera montaña que escalé en mi vida 3 años atrás. Estoy curiosa de saber como me parecen ahora las dificultades y las condiciones de la montaña, pues cuando la subí no tenía idea del rumbo que mi vida tomaría al descubrir una nueva pasión por las alturas. Por eso le tengo un cariño especial a Imja Tse, el nombre local de Island Peak. Durante el camino Manuela y yo platicamos bastante y me disfruto el paisaje y la buena compañía. No me doy cuenta que he estado respirando por la boca en un lugar donde el aire es frío, seco y con polvo. Al llegar al Campo Alto siento la garganta un poco irritada y pienso que es normal y pasajero. Durante la noche me despierto sintiéndome sofocada con flemas y tos y un ardor en el pecho cada vez que respiro. Decido tomar antibióticos sobre el concepto que en la montaña las enfermedades se tratan con agresividad pues el cuerpo tiene sus defensas naturales más bajas. A la una y media de la mañana nos despertamos para comer algo y preparnos para ir a la cumbre. La noche está serena, hay una luna cuarto menguante y estrellas en el cielo. Empezamos el ascenso que será de 700 metros hacia la cumbre con una pared semi-tecnica con cuerda fija de 150 metros y un pasaje por la estrecha arista para llegar a la cumbre. Comienzo a caminar cubriéndome la boca con una especie de bandana y así calentar un poco el aire frío y seco que lastima mi garganta. Percibo cada respiracion como un fuego que quema mi traquea. Empiezo a tener juegos con mi mente. Me doy todas las razones válidas para seguir y logro caminar por 45 minutos hasta que me doy por vencida. Dentro de 3 días estaré empezando mi expedición más importante y si sigo subiendo puede ser que las cosas con mi salud empeoren. Con mucho dolor en mi corazón acepto la realidad de las cosas y hago una decision sensata. Le cuento a Manuela y a Guto que no puedo seguir subiendo y así comprometer aún más salud antes de la expedición. Ellos estan con todas las condiciones para llegar con éxito: salud, fuerza, voluntad, buen equipo, Sherpas, comida y nada de viento. Empiezo mi descenso físico pero mi corazón se queda junto a ellos durante toda la duración de la escalada. En la carpa siento escalofríos y un poco de fiebre. Veo el reloj a las 9 de la mañana, cuando ellos deberían estar llegando a la cumbre y les mando pensamientos positivos para acompañarlos en esos momentos de gloria y a la vez miedo. Desde medio día veo constantemente hacia la montaña para ver si los logro ver bajando. De repente veo 3 personas bajando y por un momento pienso que son ellos. Me visto y preparo para darles la bienvenida pero al acercarse me doy cuenta que no lo son. De esa misma manera veo más caras desconocidas pasando y pasando hasta que veo el reloj que dan 3 de la tarde y me empiezo a preocupar seriamente. La hora para empezar el descenso desde el Campo Alto de vuelta a Chokkung es a las 2 de la tarde. Finalmente a las tres y media el porteador me avisa que están llegando. Doy un suspiro de alivio y espero que no les haya pasado ningún contratiempo anormal. Voy a encontrar a Manuela que a pesar del cansacio trae un rostro radiante y feliz. Después llega Guto con paso lento pero con una expresión muy satisfecha. Me cuentan que por haber sido el primer grupo en llegar y fijar la cuerda en la primera sección de la pared, tuvieron que esperar hasta que la ultima persona bajara para poder treaerla de regreso con ellos. Eso retardó su descenso pero me quedé aliviada de saber que ellos estaban bien y sobre todo que lo han LOGRADO!

Guto viajó con nosotros por primera vez en Marzo del 2009. Desde entonces él descubrió en las montañas una forma de conquistar desafíos que antes creía imposibles. En un año ya hizo dos veces el trekking al Campo Base del Everest, Kilimanjaro y Island Peak. Esos objetivos lo mantienen enfocado en su entrenamiento cuando está en la enorme ciudad de Sao Paulo. Su próximo viaje con nosotros será el Elbrus en Agosto de este año.

A Manuela la conocí en uno de mis viajes a Guatemala y desde el inicio me sorprendió su coraje y decision por embarcarse a lo desconcido uniéndose a uno de mis viajes. Nepal e India son lugares distantes y muy diferentes a nuestra realidad. Escalar una montana de 6,189 metros en los Himalayas es un desafío grande. Estoy segura que esta experiencia marcará de manera importante su vida. Para mí, haberla conocido fue un privilegio y en poco tiempo siento que puedo llamarla amiga.

CAMPO BASE DEL EVEREST

Hoy nos despertamos temprano para caminar por 3 horas al lado del glaciar del Khumbu, que viene directamente del Everest, para poder llegar hasta el Campo Base a 5,350 metros. Sólo falta un día de resistencia mental y física para completar el desafío. Muchas personas estan aun convalescientes y caminan lentamente haciendo varias paradas para recuperar energías. Yo camino muy emocionada pues ahora es la primera vez que voy al Campo Base y se que mi carpa estará montada allí esperando por mí.

Al llegar al campamento, los Sherpas nos ofrecen café negro. Al salir de la carpa cocina, que tiene un fuerte olor a queroseno, para contemplar el paisaje siento escalofríos en todo el cuerpo. Estoy viendo la Cascada de Hielo, la parte más peligrosa de la montaña. Es necesario pasar por aquí varias veces pues es el acceso a los 4 campos altos desde el campo base. Intento imaginarme la ruta pero no logro identificarla. Parece un gran puñado de poporopos. A lo lejos veo personas del tamano de hormigas caminando en la base de la casada de hielo. La verdad, parece una misión imposible pero necesaria para comenzar y terminar la expedición. Me imagino caminando por las escaleras de metal que unen las grandes grietas con mis grandes botas y crampones. Me imagino caminando bajo las grandes torres de hielo inestables por el movimiento natural del glaciar. Me imagino un ser insignificante jugando con la suerte o el destino atravesando los 700 metros verticales para llegar al campo uno y siento una ligera náusea de miedo y emoción.

Al volver al Gorakshep duemo muy bien. La primera misión está cumplida al 90%. Ahora solo hay que bajar y volver al mundo de los seres vivos, donde hay oxígeno suficiente para que las personas, los animales y la vegetación puedan sobrevivir.


EL ATARDECER DESDE KALAPATAR

últimamente el clima se ha puesto muy estable y depejado. Los ultimos días hemos tenido las mejores vistas de las montañas. El color del cielo es azul intenso. Por las tardes vemos atardeceres brillosos y por la noches, infinitas estrellas que parecen muy cercanas a nosotros.

Hoy por la tarde salimos desde Gorakshep para ir a ver el espectáculo más lindo del viaje: ver el éverest a tan sólo 8 kilómetos de distancia en línea recta de color anaranjado fuego que se contrasta con la nieve blanca y al cielo azul. Este es el punto más alto del trekking también, estamos a 5,550 metros. A pesar de todos los imprevistos hay 20 personas del grupo aquí, 3 se quedaron en un punto 200 metros más bajo y solo una chica, Lurdete, tuvo que quedarse en Pamboche a 4,000 metros por haber sufrido un inesperado edema pulmonar. El esfuerzo y dedicación al grupo ha sido mucho pero poder ver el sueño de muchas personas concretizándose me llena de satisfacción. Cada uno de ellos esta culminando la cumbre de su propio Everest. En el frío de -10 grados enfrente de esa vista surreal nos abrazamos y nos emocionamos. Han sido sólo 9 días juntos pero la experiencia ha sido tan intensa y próxima que ya sentimos un cariño especial entre nosotros.


04 y 05 de abril 2010

Los dos días más difíciles del Trekking. Desde el pueblo de Gorakshep a 5,150 m.

Si antes teníamos problemas de salud dentro del grupo ahora se ha sumado la altidud. Aquí hay solamente el 50% del oxígeno que hay a nivel del mar. Las características normales que el cuerpo asume en este ambiente es respirar más rápido para compensar la falta de oxígeno. La digestión es más lenta y cada movimiento como ponerse las botas y vestirse hace al cuerpo tener que parar en medio del proceso para recuperar el aliento. Ahora caminamos lento y sentimos un letargo permanente. Después de cada comida, quisiéramos dormir pero quedarse despiertos es fundamental para ayudar al cuerpo a aclimatarse. Durante la noche es cuando los problemas de altitud se hacen más presentes. Durante el sueño respiramos menos y a veces hace que nos despetemos con dolores de cabeza, náusea, mareos y falta de aire. Eso hace que Manoel y yo recibamos visitas de las personas que se sienten mal durante la noche.

Esta temporada ha sido una prueba dura en cuanto a salud. Hasta el momento 18 personas de los 24 clientes se han enfermado. El cuadro mas típico son diarreas, fiebres y vómitos. Realmente estoy sorprendida porque es la primera temporada con tantos casos de enfermedad. Al mismo tiempo todos los otros grupos están sufriendo una suerte similar.

Las dos noches en Gorakshep son las más difíciles de trekking. Aquí los cuartos son básicos, muy fríos y pequeños, el baño es sucio porque el agua se congela y no lo pueden lavar seguido.

Una noche antes de llegar aquí, advierto al grupo para que se preparen para los dos días más dificiles del trekking. Por el otro lado les doy mis sinceras felicitaciones porque a pesar de las dificultades nadie ha perdido el enfoque y estan todos, con grandes esfuerzos, llegando a su objetivo. Esto para mi ha sido de grande motivación e inspiración. Cuando me enferme en el Everest me acordaré de ellos, de su gran espíritu guerrero para luchar contra las debilidades y vulnerabilidades del cuerpo. Por ahora solo puedo sentirme dichosa de no haberme enfermado de manera que puedo ser de utilidad para mi grupo.


Primera Entrada


30-03-2010

Nevascas

Hoy salimos desde Kunde hacia Tengboche, el lugar donde se encuentra el monasterio budista más grande de la región a 3,800 metros. Para llegar allí, es necesario bajar 600 metros hasta el río, cruzar un puente y subir otros 600 metros.

Por la mañana el sol aparece tímidamente y nos muestra un poco de las impresionantes montañas que se erigen ante nosotros. Por un momento tengo la impresión que el tiempo finalmente va a mejorar. Pero al medio día grandes nubes envuelven de nuevo el paisaje y a lo lejos escucho truenos aproximándose en nuestra dirección. El viento aumenta y en menos tiempo de lo que esperaba empiezan a caer copos de nieve sobre nosotros. Después de una hora la nevasca se intensifica y en poco tiempo pinta los árboles, senderos y techos de blanco. Los pueblos ahora parecen esas postales típicas navideñas de los países nórdicos pero con un toque particular asiático: los yaks, los monasterios, las banderas y los monumentos religiosos cubiertos de nieve.

Aún faltan varios días para llegar al Campo Base del Everest. A pesar de que han surgido dificultades de enfermedades y mal tiempo, me siento feliz de estar viviendo cada momento intensamente y sobre todo de poder compartir lindas experiencias con otras personas, que hoy son clientes, pero estoy segura que de este viaje saldrán lindas amistades.


29-03-2010

Mal tiempo y malas bacterias

El tiempo ha estado bastante nublado todos estos días. Parece que el único día de tregua fue el día de nuestro mítico vuelo en la turbulencia. Aún no hemos tenido la oportunidad de ver el paisaje de las montañas. Hoy salimos desde Thamo, un pequeño pueblo tradicional fuera de la ruta turística, hacia Kunde, un pueblo a 3,800 metros. Durante la caminata en un día despejado se podrían contemplar las montañas Ama Dablam, Kantega, Tramserku, Kunde Ri, Nupse, Lhotse y Everest, pero ahora todas ellas se encuentran envueltas en nubes.

Estos tres días han sido bastante duros para 5 de mis clientes que se han enfermado. Nunca había visto síntomas tan fuertes y feos en la montaña. Esa bacteria intestinal está provocando muchos vómitos y fuertes diarreas a las víctimas. Cada noche Manoel, que es doctor, es despertado por alguien que necesita ayuda o se está sintiendo muy mal. Esta es una situación atípica durante los trekkings. El riesgo de enfermarse del estómago en Katmandú es bastante alto por la falta de agua potable pero en las montañas ese riesgo es muy bajo. Sospechamos que la nueva marca de agua embotellada en Namche Bazaar, un pueblo a 3,400 metros, no cumple con los requisitos sanitarios de las aguas hechas en Katmandú. Imaginamos esta hipótesis porque las víctimas de la infección coinciden con las que bebieron agua mineral. Desde ahora en adelante exigimos que todas las personas purifiquen el agua con yodo antes de beber. Estamos en la paciente expectativa que con una buena dosis de antibióticos los enfermos se puedan recuperar y sigan el viaje hacia el cumplimiento de su sueño.


26-03-2010

Comenzando bien el viaje

Esta mañana estamos en el aeropuerto doméstico de Katmandú esperando con un poco de nerviosismo el vuelo hacia Lukla que esta atrasado. Nos cuentan que los últimos tres días no ha habido vuelos por causa del mal tiempo.

Nuestro vuelo estaba previsto a las 6 :30 am. Veo el reloj y ya son las 9:30, afuera de la ventana se ve el cielo nublado y por un momento pienso que en breve estaremos regresando al hotel sin haber podido volar. Unos minutos después veo la aeromoza que nos llama para embarcar. Con un suspiro de alivio hacemos la fila para entrar en el avión. Como somos un grupo grande estamos divididos en dos vuelos. Veo que el primer vuelo está por partir y nosotros seguimos adentro del bus teóricamente somos los primeros en volar pero al parecer ese orden cambia sin ningún motivo aparente. Le pregunto a la persona encargada y me dice que ahora estamos en el octavo vuelo. Eso me deja desesperada pues eso quiere decir que llegaremos con por lo menos una hora de atraso y que la otra mitad del grupo tendrá que esperar por nosotros. Después de muchos reclamos y súplicas, los pilotos deciden llevarnos. Una vez más, compruebo que las reglas en países en vías de desarrollo son subjetivas y sujetas cambios sin previo aviso.

Durante el despegue, las casas se van quedando más pequeñas y se puede apreciar todo el valle de Katmandú. La capital de Nepal está rodeada de cultivos de arroz puestos en las bellas terrazas construidas en las montañas. Después de unos 15 minutos de vuelo se pueden comenzar a apreciar las montañas nevadas de la cordillera de los Himalayas. A pesar de la sorpresiva y espeluznante turbulencia durante el vuelo, los panoramas hipnotizantes y grandiosos ayudan a despistar los nervios del momento. A cruzar el Lamjurala, un paso ventoso que queda a 3,500 metros, es momento de empezar nuestro descenso para el aterrizaje en el aeropuerto de Lukla. La pista de aterrizaje es corta e inclinada para ayudar al avión a parar más rápido. Al bajar del avión siento mucho alivio de haber llegado a mi destino y mucha suerte de empezar el viaje con el pie derecho. En Lukla se puede sentir el aire puro de las montañas desde el primer momento y es un gran contraste con la contaminación de la ciudad de donde venimos. Estoy llegando a este lugar por décima vez en mi vida pero por primera vez con un objetivo diferente.


Blog Everest Andrea Cardona


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